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lunes, 15 de septiembre de 2025

Banksy y los jueces


Un nuevo mural de Banksy apareció hace unos días en las paredes de los Tribunales Reales de Justicia, en Londres. Representaba a una figura con peluca y toga judicial aporreando con su mazo de autoridad a un manifestante caído en el suelo, al que provocaba una herida sangrante que manchaba su pancarta.  
No duró mucho. Las autoridades rápidamente cubrieron toda la escena con plástico protector, colocando seguridad y barreras metálicas frente a ella para ocultar la imagen mientras se borraba.

La aparición de la pintada se produjo pocos días después de la detención de más de 900 personas (incluidos ancianos e inválidos) participantes en una manifestación en contra del genocidio que el estado de Israel perpetra impunemente en Palestina, aunque la obra en sí no mencionaba ninguna causa específica.
Los patéticos intentos de censura fueron poco eficaces, y un tumulto de curiosos, periodistas y ciudadanos discrepantes acompañó ruidosamente el enternecedor esfuerzo de la desbordada autoridad, que desarrolló un operativo digno de mejor causa. Para cuando acabó la chusca performance ya se había enterado de la denuncia y del atropello todo el mundo.

Se habla mucho de la habilidad comunicativa de Banksy. "Elegir el muro del tribunal lo es todo. Un juez que ejerce violencia contra la propia sede de la justicia convierte la arquitectura en una declaración. No se puede separar el mensaje del mortero. El manifestante caído no es solo un personaje; es un retrato de la rebeldía respondida con violencia, de la negación de la libertad de expresión."
"Destruida, la obra ya se ha convertido en una de las imágenes más vistas de internet. Algo "físico" rápidamente se vuelve efímero, pero la denuncia deviene permanente. Opera en un espacio entre lo vandálico y lo virtuoso, anónimo pero inconfundible. La acción trasciende su ubicación física para convertirse en parte de un léxico cultural compartido y universal".

Se ignora qué "poder" puso en marcha la depuración iconoclasta, pero, en cualquier caso, y como siempre, el remedio fue peor que la enfermedad, y ahí queda como un patético ejemplo de disparo en el pie de los que nos tienen acostumbrados los gobiernos, por iniciativa propia o siguiendo las órdenes de los jueces, que, en Londres como aquí, pueden y hacen.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Libertad de expresión

La obra de Santiago Sierra en la feria ARCO 2018. Foto Fernando Villar.

La feria ARCO 2018 sin la obra de Santiago Sierra. Foto Isabel Permuy.
La verdad es que, aquí, responsable, lo que se dice responsable..., ni la empresa anunciadora ni el maestro armero.
F.G. Después de haber visto a Santiago Sierra. 02.2018.

miércoles, 10 de febrero de 2016

¿Quién teme al titiritero feroz?

Titiritero ambulante. (Colección del Teatre Malic)
No es la primera vez que desde el mundo de la cultura (cine, literatura, música, teatro, periodismo,…) se acusa –a partir de evidencias palmarias- a los aparatos del Estado de manipulación de pruebas, a veces con la complicidad de grandes popes de la comunicación y en ocasiones bajo la interesada dirección de algún presidente de gobierno que anda desde entonces “ladrando su rencor por las esquinas,” como tanto le gustaba decir.
Títeres napolitanos de Gaspare Nasuto. Foto de Sonia Somma.
Por eso sorprende tanto la desmesurada actuación de la Audiencia Nacional metiendo en la cárcel a dos titiriteros (los parientes pobres de entre los artistas), a los que, como mucho, se les podría criticar por su chabacano “realismo sucio.”
Malic y sus amigos. Toni Rumbau y La Fanfarra.
El maestro marionetista Toni Rumbau habla de esta antiquísima arte escénica como aquella que llega “a un máximo despojo de la forma, la que consigue la máxima síntesis y la mayor fuerza expresiva, y por todo ello logra la mayor capacidad de atracción.” Si le hacemos el caso que merece su autoridad, estaríamos ante los elementos distintivos de las mejores formas de expresión popular. Y ya puestos, añadimos de nuestra cosecha, de buena parte del arte contemporáneo y de cierto tipo de poesía.
Títeres italianos. (Colección del Teatre Malic)

Otra cosa es la inconveniencia de programar ciertos espectáculos en determinados circuitos y para según qué tipo de público (aunque en realidad acaben viéndolo ocho niños más pendientes de otras cosas, como demuestra el vídeo inculpatorio repetido hasta la saciedad por los medios de comunicación), pero eso requeriría otro tipo de sanción (administrativa y política), y no precisamente la cárcel.
Títere napolitano de Gaspare Nasuto. Foto de Sonia Somma.

La libertad de expresión está por encima y ha de estar al margen de la conveniencia y el cálculo político, también muy aficionado a la cachiporra, el brochazo y la simplificación.
Pulchinella de Gaspare Nasuto. Foto de Sonia Somma.