viernes, 14 de marzo de 2014

Babel

Pieter Bruegel, el Viejo. La torre de Babel. 1563.
La  UNESCO presentó en 2009 la tercera edición del Atlas de las Lenguas en Peligro en el Mundo dirigido por el lingüista australiano Christopher Moseley.
En su experta opinión, “cada idioma es un universo mental estructurado de forma única  en su género, con asociaciones, metáforas, modos de pensar, vocabulario, gramática y sistema fonético exclusivos. Todos esos elementos funcionan conjuntamente en el marco de una estructura que, por ser extremadamente frágil, puede desaparecer para siempre con suma facilidad”.
En ese contexto, tan realista como apocalíptico, nos llegó hace unos meses una esperanzadora noticia acerca de la aparición en nuestra vieja piel de toro de dos nuevas realidades lingüísticas, descubrimiento fruto de la estrecha colaboración entre administración pública y Universidad. Se trata del "LAPAO" (Lengua Aragonesa Propia del Área Oriental) y el "LAPAPYP" (Lengua Aragonesa Propia de las áreas Pirenaica y Prepirenaica). Así, con mayúsculas, para que no pase desapercibido. 
Tras su paso por el correspondiente parlamento, "la cosa" desapareció del primer plano de la actualidad, sepultada por otras chocantes urgencias con las que dar gusto a la interesada autoridad correspondiente. ¿Qué habrá sido de esos idiomas, de esos expertos y de esa colaboración?
Permanezcamos atentos. La ceremonia de la confusión está servida, y no ha de faltarle amplificación. Y bombo, mucho bombo.

Cildo Meireles. Babel. 2006.