jueves, 21 de noviembre de 2024

Bosquecillo

F.G. Bosquecillo de la crestería, en la Casa de la imagen. 2024.
Caminar dentro de un bosque es un ejercicio sensorial de lo más completo y placentero, entre otras cosas por la cambiante riqueza de luz y sombras que allí se generan, tan llenas de matices y dinamismo. 
F.G. Bosquecillo de la crestería. Fragmento. 2024.
Es tan hermoso como acercarse a su perímetro, percibiendo la más o menos irregular masa arbórea recortada en el panorama horizontal coronado por el cielo. Como si de una catedral gótica se tratara.
F.G. Bosquecillo de la crestería. Fragmento. 2024.
Esa sensación es la que inspiró este bosquecillo, construido a partir de cortezas y astillas desbastadas de troncos de acacia, almendro, cerezo y otras especies mediterráneas. Material desechable, sin otro valor que servir de acelerador de fuegos domésticos, pero también lleno de color, de texturas, de formas caprichosas.
F.G. Cuaderno de luz y sombras. 2024.
Una vez seleccionados los fragmentos más o menos arbitrariamente, atendiendo a sus inciertas cualidades, y planteada su ordenada distribución, nada garantiza que a la hora de ensamblarlos para siempre la hechura final no cambie. Poco importará. El resultado será tan azaroso como el punto de partida. 
Igual de hermoso en su atractiva pobreza. 
F.G. Bosquecillo de la crestería. 2024.

(Lo puedes ver en la Casa de la Imagen, de Logroño, hasta el 20 de diciembre, dentro de mi exposición luz y sombras)

miércoles, 20 de noviembre de 2024

Nubosidad variable

F.G. Nubosidad variable. (Esto no es una nube). 08.2024.
Las ventanas se abren recurrentemente en mi trabajo, unas veces como marco que acota y recorta un fragmento de la realidad exterior, más o menos recreada, y otras como límite de un espacio de intimidad doméstica.
F.G. Ventana de la sierra. 2020.

F.G. Los dioses lares. 2020.
Tanto o más frecuentes son las nubes, sujeto inagotable muy adecuado para afilar el instinto observador y practicar la pareidolia, ese fenómeno psicológico por el que, a partir de un estímulo vago y aleatorio (casi siempre una imagen) se acaba percibiendo una forma reconocible, acorde con nuestro acendrado sesgo perceptivo, con nuestra conveniencia. Igual, igual que lo que suele pasar con los bulos y las mentiras. 
F.G. Hoja del Cuaderno de luz y sombras. 2024.
Esta ventana abierta a la vida es el marco de un hermoso registro de alcantarilla, y dentro de él se fija, atornillado al muro, el rizado deambular aéreo de una tira de soldadura entre dos chapas de bidón, retal sobrante de un trabajo que hicimos Roberto Pajares "Pájaro" y yo (bajo el alias de Chapa y Pintura) para exponer a finales de 2023 dentro del tesoro escultórico del yacimiento íbero de Cerrillo Blanco, en el Museo Provincial de Jaén.
 Brazalete perteneciente a los "tesoros" de Arrabalde. Siglo I a.C. Museo de Zamora. Foto de F.G.
Mi referencia visual (lejana, eso sí) era un deslumbrante brazalete romano atesorado en el Museo de Zamora, y el proceso de elaboración (torsión, quemado, preparación del anclaje, etc.) fue tan entretenido como siempre.
René Magritte. La traición de las imágenes. 1928.
En cuanto al subtítulo, riza el rizo del juego de pipas de Magritte sobre la relación-contraste de imágenes y palabras, porque aquí, por no haber, no hay ni nube representada, ni la palabra que la enuncia, ni representación de la tal nube.
F.G. Nubosidad variable. (Esto no es una nube). 08.2024.

(Lo puedes ver en la Casa de la Imagen, de Logroño, hasta el 20 de diciembre, dentro de mi exposición luz y sombras)

martes, 19 de noviembre de 2024

El glaciar de la sierra Tronzadora

F.G. El glaciar de la sierra Tronzadora, antes de su limpieza. 09.2024.
Quienes hemos nacido en el fondo de un valle (aunque sea tan amplio y abierto como el del rio Ebro) tenemos la sensación de haber estado siempre rodeados por una crestería serrana, más o menos agreste, más o menos cerrada, más o menos compacta, pero que siempre delimitaba un territorio separándolo de lo demás, de la terra incognita, ese amplio resto del mundo por descubrir. 
F.G. Las nieves perpetuas. 2019.

F.G. En las montañas. Trevijano. 2021.

F.G. La cordillera. 2020.
F.G. Cordillera portátil. 2023.
He "recreado", entre otros muchos panoramas, unas cuantas "sierras" de distintas características, así que cuando cayó en mis manos una sierra tronzadora de uso forestal me puse a las órdenes de tan extraordinaria herramienta, tan flexible, inmediatamente recuperable, tan duradera, tan eficaz, tan bien "dibujada", tan evocadora. Ya no se hacen las cosas así, lamentablemente. 
F.G. Dibujo de toma de contacto.
Primero pensé en una cordillera (mientras iba a ser una obra de pared) y acabó siendo (cuando opté por el suelo) la sierra de un glaciar alpino, un circo con su morrena frontal y todo. La idea circular la enfaticé con una embocadura estabilizada con un arco de medio punto obtenido de un trozo de arado encontrado, y el diámetro que tensa y estabiliza el círculo es, según mi amigo Monta, mi experto maderero de cabecera, "un fresno plantón joven, comprimido por una hiedra enroscada que generó esas deformaciones, lo que suele ser bastante común en el bosque profundo y virgen".
F.G. Dibujo de aterrizaje.
La cera que le apliqué limpió la suciedad superficial del precioso objeto, dándole una apariencia de piel curtida, con la rica textura que siempre aporta el uso de las cosas.
F.G. El glaciar de la sierra Tronzadora. 09.2024.

Mientras la preparaba me acordaba frecuentemente de un poema de 
Jorge Reichmann titulado Ecocidio:

“Los últimos glaciares
del Pirineo se funden

¿Por qué tan pocos saben hoy
leer en ese hielo las señales
de las tiranías que vendrán?"

La advertencia se ha convertido en amenaza. En realidad.

F.G. El glaciar de la sierra Tronzadora. 09.2024.

(Lo puedes ver en la Casa de la Imagen, de Logroño, hasta el 20 de diciembre, dentro de mi exposición luz y sombras)