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viernes, 6 de enero de 2023

La llegada de los Reyes Magos

Sueño de los Magos. Basílica de San Abundio. Como. Mediados S. XIV.

"Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Reyes que venís de Oriente
al Oriente del sol solo,
que más hermoso que Apolo,
sale del alba excelente.

Mirando sus luces bellas,
no sigáis la vuestra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

No busquéis la estrella ahora,
que su luz ha oscurecido
este sol recién nacido,
en esta Virgen Aurora.

Ya no hallaréis luz en ellas,
el niño os alumbra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Aunque eclipsarse pretende,
no reparéis en su llanto,
porque nunca llueve tanto
como cuando el sol se enciende.

Aquellas lágrimas bellas,
la estrella oscurece ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas."

Lope de Vega. La llegada de los Reyes Magos.

Giotto. Escenas de la vida de Cristo. Adoración de los Magos. Capilla Scrovegni. Padua. 1303.



viernes, 3 de abril de 2015

¿Qué es un actor?

Bleda y Rosa. Cávea. Segóbriga. 1999.


En una reciente columna en El País, Leila Guerriero nos contaba que conoció en la infancia a un demiurgo capaz de crear mundos y sensaciones: algo así como un ángel bello y fuerte, tierno y malvado, puro y frágil, pero un ángel caído, generador de pavor y desequilibrio, alentador de incertidumbres.
José María Vilches. Portada de disco editado en Argentina con poemas y canciones.
"Mi primer muerto fue español. Era actor, se llamaba José María Vilches. Lo vi por primera vez siendo niña en un unipersonal llamado El Bululú, un recorrido por textos clásicos de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo. Tenía una forma de decir espesa y dulce, como si las palabras fueran el rastro de un cuerpo o de un pecado potente, y yo, escuchándolo, entraba en trance sin saber qué sentía: ¿euforia, inspiración? Lo vi cada vez que pude, durante años. Cuando la obra terminaba, corría a mi casa a escribir, urgida cual ninfómana, tratando de retener ese momento de elevación alucinada. En 1984 yo tenía 17 años y estaba de viaje cuando una amiga golpeó la puerta de mi cuarto y gritó: “¡Se murió tu Bululú en un accidente!”. Cinco años antes yo había entrado a su camarín. Él no me escuchó llegar. Vestía de negro, y el rostro, maquillado a medias, parecía una máscara de tiza, la cara trágica de un tuberculoso. Le miré los dientes de predador, rodeados de una boca untuosa y pérfida. Dije “hola”. Él se dio vuelta y me miró. Era satanás. Era bellísimo y fuerte, y tenía la pureza del odio y la fragilidad infecta del amor, y unos ojos de maldad exquisita con esquirlas de ternura sedosa. Me sonrió, me dijo “hola, nena”. Yo miraba el sudor que le caía por la frente. Exudaba sordidez y potencia y daba miedo y soledad, y era puro como una llama y sucio como el asfalto. Y de pronto entendí que lo que hacía ese fauno endemoniado cada noche, desde el escenario, no era llenarme el corazón de euforia sino de venerable pánico, de completo pavor. El día en que supe que había muerto bebí, repasé el grito: “¡Se murió tu Bululú!”. Jamás fue mío. Pero nunca dejé de buscar —en lo que leo, en lo que quiero, en lo que escribo— ese pavor. Algo que se vuelva hacia mí, me mire a los ojos y me diga: “Hola, nena: yo soy tu diablo”. No soy nada sin él. Sin eso."

Leila Guerriero. Mi diablo. El País.1 de abril de 2015.

José María Vilches. Portada de disco editado en Argentina con poemas de Antonio Machado.
Eso es un actor, y quien tuvo la suerte de verlo y escucharlo alguna vez lo sabe.

Jorge Molder. Autorretrato.

sábado, 15 de marzo de 2014

Vicente Soto “Sordera”: yunque y martillo




Vicente Soto forma parte de una estirpe de cantaores jerezanos que se pierde en la noche de los tiempos, y que fue protagonista en la construcción de lo que podríamos denominar la tradición ortodoxa del flamenco. Pero, a lo largo de sus sesenta años bien llevados, ha demostrado que es mucho más que el heredero de un saber ancestral, y partiendo de él, del conocimiento directo de sus intríngulis, se ha arriesgado en memorables operaciones para enriquecer el patrimonio literario del cante, recurriendo a poetas del siglo XX (como Fernando Pessoa, José Bergamín o José Hierro) o a parte de lo más brillante del siglo de oro. De esa admirable actitud, que rompe los clichés de inmovilismo arqueológico que se atribuye a los cantaores salidos de rancias soleras, tuvimos un ejemplo en las Soledades de Lope de Vega que nos cantó como letra de una soleá en la que supo transmitir todo el hondo patetismo de unos versos con el valor de sentencias de raigambre popular. Y cantarlos con esa dicción clarísima y precisa tan poco habitual entre sus compañeros de arte.


Francis Picabia. La noche española. 1922.

Haciendo gala desde el principio de ganas de agradar, de facultades y de un dominio escénico logrado tras mucho trabajo, afrontó un repertorio exigente que en sus momentos más livianos supo aprovechar para difundir formas de cantes poco conocidas, como los tangos trianeros del Titi, o dos tipos de bulerías, unas muy “camaroneras” acabadas en cuplés y otras, para culminar el recital, más festeras y graciosas, todo ritmo, compás y sabor gaditano.
Su voz conserva intactos el rajo y el brillo que siempre ha tenido, con la altura, el poderío y la sabiduría de los muy buenos, y es un prodigio de compás (para el recuerdo su baile por bulerías sin levantarse de la silla: una máquina de ritmo). Con esas facultades afrontó cantes de fragua, aires festeros de Cádiz (alegrías, cantiñas, romeras y mirabrás), seguiriyas y tres fandangos.



Manuel de Falla. El cante jondo. 1922.
A pesar de todo, y por los inexplicables motivos que se dan en el mundo del espectáculo, no se estableció la deseable transmisión entre intérprete y público y el recital fue enfriándose paulatinamente sin razón aparente. Misterios del duende. La actitud distante de los espectadores (con algún lamentable comentario como “de señorito”, denigrante del trabajo ajeno) se fue apoderando de todo, hasta del lenguaje gestual de Sordera, visiblemente descorazonado por la falta de respuesta a sus esfuerzos, especialmente tras el recuerdo a su padre en el segundo fandango: 
“Como el primero/ de la cabeza a los pies/ cantaba como el primero/ fue buena gente también/ mi padre de mi alma/ Sordera de Jerez”.

Grabado del siglo XIX de Jerez de la Frontera.
Pero así es la cosa: unas veces se aplaude demasiado y otras demasiado poco. Y seguramente por algo será…
Estuvo acompañado a la guitarra por Manuel Valencia, que se mostró como el solvente guitarrista que hemos ido viendo crecer a lo largo de sus frecuentes visitas a Logroño, y que estuvo especialmente bien donde mejor pudo demostrar soltura rítmica e imaginación (alegrías, bulerías y tangos)
En definitiva: aunque nadie se rompió la camisa (ni falta que hace, tal como está el percal) asistimos a un buen concierto en el que se echó en falta un poco más de entusiasmo de las partes. Cosas del directo.


Vicente Soto "Sordera".
Salón de columnas del Teatro Bretón. Logroño.
Jueves flamencos.
13 de marzo de 2014.



Otras crónicas de los Jueves Flamencos de 2014 en miracomosuena
Estrella Morente
José Valencia
Rocío Márquez 

(Publicado en Rioja2. 15.03.14).