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domingo, 3 de agosto de 2014

Todos quietos hasta ver...

Todas las imágenes de esta entrada proceden de IWDRM.


...y atentos, que enseguida vuelve miracomosuena.



Mientras tanto, ahí van unos cuantos documentos que confirman el interés suscitado entre nuestros distinguidos seguidores durante la ausencia veraniega.






Unos permanecen en sus casas, frente al ordenador.






Otros aguantan en la bolera, o acampados al aire libre.






Pero todos en vigilia permanente, a la espera del anhelado momento del reencuentro.






Como las vírgenes prudentes de la parábola.




Hay algunas que ni duermen.



Pero ya falta poco.




Entre tanto, podéis aprovechar el tiempo y repasar los grandes éxitos de mcs. Da capo.



(Fotogramas procedentes de Farenheit 451, El padrino, Charada, El eclipse, Taxi driver, Gohst world, El gran Lebowski, El bueno, el feo y el malo, Blow-up, El guateque, Belle de jour, Alien, Academia Rushmore y 2001, una odisea del espacio).

viernes, 21 de marzo de 2014

Ya está aquí la primavera...

Marcello Mastronianni en Otto e mezzo, de Federico Fellini. 1963. IWDRM



... y de su mano las soleadas terrazas, los intensos colores  y los olores más gustosos.

Olafur Eliasson. Tunel de aromas. Wolfsburgo.
Ciao, Marcello. Ya te hemos visto. Ahora vamos. 

martes, 3 de diciembre de 2013

La puntuación...


Guillaume Apollinaire. La colombe, y su versión en castellano.

..."(...) es sagrada incluso cuando no lo es. Se trata de la partitura de un texto, por eso lo primero que hago en el folio es puntuarlo en blanco como una especie de crucigrama y luego rellenarlo con palabras que voy pensando al chus. A esto le presto una atención delicadísima y obsesiva que raya la paranoia, pero la estructura física de la columna me importa tanto que cualquier día empiezo a contar las cosas con acrósticos. Procuro que si repito palabra no cuadre una encima de la otra, me gusta saber con qué sílaba termina cada línea de texto y procuro alinearlas todas febrilmente en vertical alambicando sonidos. Se me dirá que no consigo una mierda y es verdad, de ahí también la ternura que despierto. Este trabajo que hago yo en el folio tratando de calcular los márgenes de la columna del periódico es propio de un demente, y sé que acabaré escribiendo artículos de prensa como Guillaume Apollinaire, dibujando caballos y señores con las frases; dibujando, directamente, el rostro de Rajoy con falsas palabras de amor. La locura artística me lleva al simbolismo estético; la necesidad de comer, al formalismo. La fusión acabará con mis pulmones".(...)

TalR. Spiral bar. 2002.

Esta alucinada confesión es de Manuel Jabois, el tremendista estilita, que cuenta en Manu (editorial Pepitas de calabaza, 2013) su proceloso traslado periodístico desde Sanxenxo (¿de ahí la referencia al presidente?) a Madrid, parejo al proceso de embarazo, gestación y natalicio de su primogénito. La paternidad reciente le disculpa (al menos en parte) porque, ya se sabe, "un hijo es como tener algo siempre al fuego", en sentencia de un amigo que recoge como proemio. 


IWDRM a partir de un fragmento de Brazil (Terry Gilliam. 1985)

Seguro que el editor de su periódico no le da tantas vueltas a la columna. Pero ahí queda la confesión como claro ejemplo de vocación de estilo, de afán por buscar la oculta melodía de las palabras.


Acróstico dedicado al emperador Carlos I.



viernes, 15 de noviembre de 2013

El fotógrafo Chris Killip en la fábrica Pirelli



Chris Killip. Pirelli work. Fotografías de 1988 publicadas como libro en 2006.


 Las fotos de Chris Killip siempre pretendieron ser un instrumento para el cambio social, con la intención declarada de reflejar situaciones, denunciar injusticias y agitar conciencias. Su interés primordial fue documentar las condiciones de vida de la clase obrera del norte de Inglaterra e Irlanda en un periodo especialmente deprimido por la suma de una larga crisis económica, la desrregulación neoliberal y la reconversión industrial: un panorama desolador que necesariamente había de trastocar la vida cotidiana de los trabajadores, marcada a fuego por el paro.

Chris Killip. Pirelli work. 1988.

 Entre sus series de retratos de obreros, huelguistas, carboneros y gentes de la mar, destaca por su singularidad (por tratarse de una especie de "aristocracia" en el negro mundo de la generalizada miseria) su reportaje de la fábrica inglesa de los neumáticos Pirelli, en la que retrata a los trabajadores en armónica relación con las máquinas que les rodean, logrando unos encuadres que permiten que el espectador perciba y sienta el espacio oscuro y brillante de la ordenada fábrica (aunque, como tal, no deja de ser opresiva y sórdida).

Chris Killip. Pirelli work. 1988.

El mejor método para documentar la vida de cualquier comunidad ha sido siempre integrarse en ella. En el caso de Chris Killip (además de ocuparse exclusivamente de su ámbito geográfico conocido), convivía con los trabajadores hasta que sentían que formaba parte del colectivo y bajaban la guardia ante la cámara. Este "método de inmersión", más sentimental que crítico, a menudo deviene en autocomplaciente o lastimero, y por eso mismo su previsible fruto no siempre es el más eficaz como instrumento de denuncia y combate. 

Chris Killip. Pirelli work. 1988.

Curiosamente, el documento sobre la fábrica Pirelli se lo planteó -según cuenta- de una manera menos "militante": el lugar de trabajo se había convertido, en cierta medida, en un teatro, y buscó referencias visuales externas en la moda, el cine negro y el realismo soviético. 

Chris Killip. Pirelli work. 1988.

Por primera vez en su trabajo buscaba deliberadamente un look "esteticista" que resultaba "más elocuente para registrar y documentar ese ritual forzado", y afrontaba la relación del obrero con la máquina como una colaboración musical, como la que se establece entre el intérprete y su instrumento.
¿Resultaba por ese enfoque cool menos eficaz? Allá los gustos y las opiniones.

Chris Killip. Pirelli work. 1988.
La gente de cierta edad hemos conocido y conservamos en nuestra memoria acústica el poderoso sonido mínimal de fábricas y talleres, pero en poco tiempo, con la deslocalización industrial generalizada y la desaparición de manufacturas y reparaciones, los más jóvenes tendrán que recurrir al cine, a recreaciones virtuales o a excursiones al tercer mundo desigualmente emergente para saber cuál es la relación entre mano de obra, máquinas y objetos, y cómo suena el trabajo industrial y la explotación humana.

IWDRM. "Take it easy and avoid excitement." Charles Chaplin. Tiempos modernos. 1936.






jueves, 26 de septiembre de 2013

La vida sexual de los aviones


Stanley Kubrick. Dr. Strangelove. 1964. Fotograma con la tipografía de Pablo Ferro.



Aunque el nombre de Pablo Ferro no te diga nada, es un creador extraordinario que ha estado ligado al nacimiento de algunas fórmulas de comunicación claves en la cultura de masas: por mencionar solo tres, los historiadores de la cosa lo ligan a los primeros anuncios televisivos elaborados (que superaban para siempre la fórmula del locutor que hablaba a la cámara sobre las cualidades del producto patrocinador), a la renovación formal de los trailers de avance de novedades cinematográficas y a los primeros videoclips.
Pero hoy viene a miracomosuena por otra faceta en la que no fue el más popular pero sí de los mejores: su autoría de las secuencias de títulos de crédito para películas. Comparte con Saul Bass, Robert Greenberg y otros pocos (que aportará cada cual según sus gustos) el olímpico club de creadores que tenían reservado un espacio al comienzo del film (una película dentro de otra película, en los mejores casos) de los más prestigiosos directores.
Stanley Kubrick. Dr. Strangelove. 1964.


Pablo (como era conocido y querido por la profesión) hizo para Stanley Kubrick los créditos de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú y tras descubrir la carga priápica del material filmado convenció (sin mucho esfuerzo) al director para acumularla y ponerla en evidencia nada más empezar. Luego creó una tipografía  caligrafiada manualmente, esbeltísima para que las letras no ocultaran la belleza de las imágenes. Ya solo faltaba ponerlas a bailar al delicado ritmo marcado por Laurie Johnson.

Stanley Kubrick. Dr. Strangelove. 1964.


(Los aficionados a la música pop redescubrimos esa preciosa tipografía en la portada del Stop making sense, de Talking Heads, que recogía material de la pelicula de Jonathan Demme, pero esa será otra historia. Próximamente, en miracomosuena).

Stanley Kubrick. George C. Scott en Dr. Strangelove. 1964.  IWDRM.


lunes, 16 de septiembre de 2013

Estrategias creativas, apropiación y plagio



No conviene confundir el tener los ojos abiertos con el plagio a conciencia.
Circula por la red un colorista libelo atribuido a Jim Jarmusch

El "apócrifo".


en el que se elogia y se incita de manera entusiasta a la conversión de la admiración por lo ajeno en materia principal de la creatividad propia (¿?).
Siendo yo bastante partidario de la apropiación (en tanto que disfrute) de todo lo que brilla, especialmente desde que tengo este blog, me parece exagerado ese planteamiento que reduciría el mérito artístico y la creatividad a tener un gusto más o menos formado y cierto criterio para seleccionar sin empacho en la barra libre universal de las obras ajenas. Y pocos escrúpulos.


Jim Jarmusch. Mystery train. 1989

Valdría con cortar, agrupar y pegar, y el mérito principal del "neocreador" estaría en poner las cantidades adecuadas de agua y cemento para que la mezcla fraguara y la nueva construcción perdurase mientras se le hacen unas fotos y sale en las revistas, y, si da unas perrillas, mejor que mejor.
Jim Jarmusch, por edad y formación, se puede permitir esas frivolidades y lanzarlas a los auditorios de las nuevas generaciones para ser guay y epatante, aunque no haya sido ese el componente esencial de sus mejores obras, que tuvieron mucho de personal.

Jim Jarmusch. Iggy Pop y Tom Waits en Coffee & cigarettes. 2003.


Pero es mucho más peligrosa por su dimensión realmente masiva la cada vez más frecuente vinculación, soldada por la fascinación del dinero, entre instituciones artísticas y estrellas del cambiante firmamento pop, en una aberrante operación de vampirismo gagá.


Jarmusch empaquetado.


Lo que resulta chocante es que Jarmusch necesite "autorizar" su opinión recurriendo a Jean-Luc Godard, porque éste siempre ha tenido una actitud de respeto (devoción, muy a menudo) hacia la literatura y el cine que, en mi opinión, no le permitiría frivolizar de esa manera. Aunque, él sí, haya sido capaz de deshacer y reinventar varias veces el cine en su extraordinaria (por personal) carrera.


Jean-Luc Godard. Pierrot le fou. Jean-Paul Belmondo y Anna Karina atentos a todo lo que se mueve. 1965. IWDRM.




jueves, 8 de agosto de 2013

¿Qué hacer en lo que queda de verano sin salir, casi, de casa?

Independientemente de las cosas que espontáneamente se te ocurran, querido visitante, te sugiero, a vuela pluma, unas cuantas. Por ejemplo:

Tomar el sol.























Escuchar música.



























Hacer fotos.






















Leer un buen libro.


















Pelar la pava.




















Filosofar.

























Bailar.

















Tomar unas cervezas.


















Las imágenes proceden del archivo de IWDRM (IF WE DON´T, REMEMBER ME), que ha utilizado para esta selección de sus tumblr secuencias mínimas de Lolita, Las vacaciones del señor Hulot, Blow-Up, Los cuatrocientos golpes, Harold y Maud, El séptimo sello, Pulp Fiction y Taxi Driver.

Atentos, que volvemos enseguida.