| Demetrio Navaridas. Reflexiones. Sala Tondón. Briñas. Noviembre de 2014. Fotografías de F.G. |
La larga trayectoria de este polifacético artista y pedagogo
siempre ha estado guiada por su afán experimental, y a lo largo del tiempo ha
recurrido a muy distintas técnicas y soportes (desde la fotografía y la pintura
hasta el land–art, pasando por la escultura, las instalaciones o el
vídeo), con diversas intenciones expresivas.
Debido a ese demostrado interés por la novedad técnica y los nuevos lenguajes, sorprende especialmente que en sus trabajos más recientes se aprecia una depuración estilística y simplificadora que parece indicar que comparte un postulado que guía a buena parte de los creadores contemporáneos de cualquier disciplina artística: el futuro del arte y su salvación (si tal cosa fuera posible) habría que buscarlo en su pasado. La estrategia se concreta en el afán por recuperar la sencillez formal, la capacidad de evocación y el misterio, aspirando a una comunicación directa, esencialmente sensual, a través de obras sofisticadas cargadas de memoria y orientadas hacia la sugerencia sutil, dejando de lado la vana prepotencia del fetiche tecnológico.
Las obras que ha preparado para la Sala Tondón demuestran un
renovado interés por la naturaleza y las formas tradicionales de representarla,
aunque sirviéndose de técnicas híbridas con un resultado tan sorprendente como bello.
| Demetrio Navaridas trabajando. Fotografía de Emma Ábalos. Noviembre de 2014. |
Se trata de una especie de dibujo realizado por grabado
directo sobre la superficie del muro, un dibujo rehundido por extracción de la
cal hasta conseguir una imagen blanca sobre la blanca pared, aprovechando a su
favor las texturas e irregularidades. El “lienzo”, mínimamente delimitado, entra en diálogo y “reflexión” con el
ventanal de la sala, y, a través de él, con el río y la ribera, de donde
proceden los motivos recogidos en los tres grandes muros, sobre los que vibra
la cambiante luz, distinta también por la perspectiva móvil de la mirada
próxima. El río y su imagen virtual
entran, a través de los sorprendidos espectadores, en un juego inagotable de
ecos y reflejos.

Además de la relación más o menos evidente con el grabado, estas obras de Navaridas recuerdan a los relieves que decoraban las fachadas y muros de los templos egipcios buscando una garantía de perdurabilidad que no podían asegurar ni frescos ni altorrelieves. Incluso la forma de representar, tan “naturalista”, recuerda a aquellos figurativos primitivos. Pero aquí la obra tiene fecha de caducidad, establecida por el ritmo de las futuras exposiciones, lo que no tiene por qué ser necesariamente malo.
Además de la relación más o menos evidente con el grabado, estas obras de Navaridas recuerdan a los relieves que decoraban las fachadas y muros de los templos egipcios buscando una garantía de perdurabilidad que no podían asegurar ni frescos ni altorrelieves. Incluso la forma de representar, tan “naturalista”, recuerda a aquellos figurativos primitivos. Pero aquí la obra tiene fecha de caducidad, establecida por el ritmo de las futuras exposiciones, lo que no tiene por qué ser necesariamente malo.
Decía el artista conceptual Sol Lewitt, hablando de su propia obra, que los dibujos de pared destinados a la destrucción en un plazo de tiempo breve gozaban, por extraño que pareciese, de cierta garantía de “eternidad”, por estar libres de padecer el paso del tiempo, evitando así su progresiva degradación. Curiosamente, y por lo que comenta Isabel Krug, comisaria de esta exposición y directora de la Sala Tondón, los habitantes de Briñas serían de la misma opinión si nos atenemos a la prodigiosa pervivencia y recreación en su recuerdo de los mínimos detalles, especialmente de los aspectos más significativos, de las exposiciones “efímeras” que han ido presentándose allí.
Esa sintonía con el público destinatario entronca en buena medida a este proyecto (con la peculiaridad que le da las características del espacio) con la serie de propuestas de intervención artística en el casco urbano de Sajazarra, admirable proyecto lamentablemente liquidado en su mejor momento. Es una pena que iniciativas culturales tan interesantes estén siempre pendientes de un hilo, y a menudo se vengan abajo por la desidia culpable de quienes más tendrían que apoyarlas.
Resulta admirable que una pequeña sala fuera de los
circuitos artísticos y al margen de los medios de comunicación y del gran
público concite el interés de artistas con tan notable ambición creativa,
capaces de elaborar obras singulares para un lugar específico, sin más
contraprestación que su amor al arte y el buen trato recibido de los impulsores
del proyecto. Un caso de generosidad
sorprendente en los tiempos que corren.
| Imagen captada del vídeo de Demetrio Navaridas y Carlos Rosales. |
En el vídeo realizado por Demetrio Navaridas y Carlos Rosales que se exhibe en una antesala preparatoria para la entrada a la
exposición, se ve una sobria performance en la que el primero ingiere un pobre plato
de desconocido alimento con una extremada formalidad de cartujo, con el único
acompañamiento de un fondo sonoro de alborotados patos fluviales. Conviene
verlo, porque propone más preguntas que respuestas. Una de ellas, y de toda pertinencia, podría ser: ¿de
qué se alimentan los artistas, nuestros artistas?

Pero no contemos más y dejemos abierto el enigma. Mejor recomendar a los lectores que aprovechen este hermoso otoño para acercarse a Briñas y disfrutar a la ida del espectáculo del encendido viñedo de la Sonsierra, de las vibrantes choperas y del inagotable río Ebro. Y, a la vuelta, entre tanta belleza, admirar y agradecer la generosidad y el talento de artistas como Navaridas y mediadores como Isabel Krug y Carlos Rosales, capaces de hacer una y otra vez, para nuestro disfrute y nuestro recuerdo, más con menos, mucho con casi nada.
Pero no contemos más y dejemos abierto el enigma. Mejor recomendar a los lectores que aprovechen este hermoso otoño para acercarse a Briñas y disfrutar a la ida del espectáculo del encendido viñedo de la Sonsierra, de las vibrantes choperas y del inagotable río Ebro. Y, a la vuelta, entre tanta belleza, admirar y agradecer la generosidad y el talento de artistas como Navaridas y mediadores como Isabel Krug y Carlos Rosales, capaces de hacer una y otra vez, para nuestro disfrute y nuestro recuerdo, más con menos, mucho con casi nada.
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(Publicado en Rioja2 el 17.11.2014)