jueves, 15 de enero de 2015

Un encuentro inesperado

André Kertész. Papeles y libros tirados. 1974. (Serie de cinco fotos).
André Kértesz fue un fotógrafo muy aficionado a los libros, a las bibliotecas y a retratar lectores, estuvieran en confortables estudios, en apacibles rincones domésticos o en la diversa precariedad de los sin techo. 

La lectura selectiva siempre tiene mucho de arbitrario. Al margen de las obligaciones ineludibles con "lo imprescindible" y la novedad, hay que atender al implacable canon, que, contra toda lógica, siempre es múltiple y contradictorio. 

También hay que dejar un hueco para los libros que, cada vez más, entran por los ojos en una pasada rápida por un escaparate o en la visita demorada de una librería. 

Pero nunca hay que despreciar los encuentros fortuitos que nos puedan salir al paso en cualquier improbable lugar. 

Del azar también pueden surgir grandes descubrimientos y extraordinarias pasiones.


André Kertész. Sin título. Libros dispersos en la acera. 1974.
(Este es el "escenario" de la secuencia anterior, con toda su utilería y maquinaria. Nada falta para el desarrollo de la historia, porque nada más se necesita. 
Sólo queda una duda que seguramente tú, querido lector, despejarás: ¿qué libro ha interesado tanto a nuestro protagonista? Espero tu iluminación (como en el caso de la peliculita de Duane Michals) en los comentarios de esta entrada. 
Se generoso y escribe aaaalgo).

8 comentarios:

  1. ¡A menudos precios estaban las pears y las onions en 1974!
    El libro, como todos, puede que se titulara, de una u otra manera, "El secreto de la vida".

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  2. Puestos a hacer ficción pienso en una de esas colecciones, con un esquemático reloj de arena como logotipo, que el hombre del sombrero leyó de niño.
    Podríamos titularlo "La infancia recuperada", con permiso de Savater.

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    1. Hermoso territorio, la infancia. Y hermoso comentario. Muchas gracias por su respuesta.

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  3. Qué importante es tener una buena perspectiva. Y, sobre todo, saber aprovecharla.
    Yo creo que, por el cuidado con el que coge el libro y lo relee desde su comienzo, tiene que ser el redescubrimiento de algo hace tiempo perdido y que le marcó profundamente en sus años de formación: el Eclesiastés. Vanidad de vanidades, todo es vanidad.

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  4. Es el autor del libro. Lo escribió hace años, sin éxito. Lo recoge del suelo, interesado por recordar el principio. Descubrio en aquella lectura como fue el día que conoció al amor de su vida...
    Besos lectores
    (Te dedico mi fotografía de hoy en FB)
    TeresaRoMig

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    1. Bonita historia, señorita RoMig. Tiene que ser emocionante para un autor encontrarse (aunque sea con un montón de papeles de por medio) con el comprador del único ejemplar vendido de su obra.
      Muchas gracias por el regalo.

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    2. Un placer!!!
      TeresaRoMig

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    3. Vuelva pronto. Ya sabe que siempre es bienvenida.

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