Antoine Bourdelle. Estudio preparatorio para su escultura de las manos de Beethoven. 1908.
(...) "Lavo a fondo mis manos y voy a sentarme ante el piano. Es un Petrof que pronto cumplirá cien años: mi posesión más valiosa, un instrumento sólido y elegante, de noble marfil, madera noble y noble acero. Me gusta mucho su sonido lleno, dúctil y antiguo, cada vez más difícil de oír ahora que todos tocan con Steinways. Abro la partitura del adagio de la sonata n.º 5 de Beethoven, una pieza que nunca me dejarían tocar en la orquesta.
Krystian Zimerman y Leonard Bernstein.
Procuro concentrarme en sus acentos e intento imaginar cómo lo interpretaría su creador. Pienso en sus manos, cuadradas y muy peludas, con los dedos anchos como espátulas en las yemas, de tanto tocar; de ellas no caería fácilmente la moneda.
Pienso en las manos del gran Schubert, casi pequeñas, de dedos gruesos y cortos, soportando agudos dolores al tensarlas en las octavas. Pienso en Béla Bartók, sufriendo también por el esfuerzo muscular, y en Schumann, causándose él mismo una lesión irreversible de tanto forzar el anular para dotarlo de potencia, y a él lo entiendo mejor que a todos los otros, porque yo mismo me haría daño si creyera que con ello pudiera convertirme en un virtuoso.
![]() |
| F.G. Mano modelada por Antoine Bourdelle. Museo Bourdelle, París. 01.2026. |
Pienso en la autónoma y ágil mano izquierda de Paul Wittgenstein, en su única mano tras perder la derecha en la batalla, tocando lo que Strauss y Prokofiev compusieron expresamente para él, un mutilado, mientras su hermano escucha y vislumbra los límites donde ya no sirven las palabras. Pienso en ellas y envidio las manos de Rachmaninov, capaces de abarcar duodécimas sin perder flexibilidad, las manos gordas y fuertes de Albéniz, las manos enormes e incansables de Liszt o Rubinstein.
![]() |
| F.G. Mano modelada por Antoine Bourdelle. Museo Bourdelle, París. 01.2026. |
Todos ellos tenían manos fuertes, la única forma de dominar el piano, que, a pesar de todo, no es sino un instrumento de percusión en el que un macillo, con un movimiento de ataque, golpea una cuerda de acero. Incluso Chopin, que en sus épocas de mejor salud nunca llegó a pesar cincuenta kilos, o Ravel, que apenas medía metro y medio, tenían unas manos muscularmente bien desarrolladas." (...)
Eugenio Fuentes. Las manos del pianista. Tusquets editores, 2003.
Eugenio Fuentes. Las manos del pianista. Tusquets editores, 2003.
.jpg)




Y cómo dirigen las manos de Bernstein.
ResponderEliminarCuánta belleza!
Qué estupenda aportación!
Gracias. S.
Y cómo vuela leve y libre la mano izquierda de Zimerman a la menor oportunidad.
ResponderEliminar