miércoles, 26 de octubre de 2016

Oteiza se mira en Velázquez

Velázquez. Las Meninas, o La familia de Felipe IV. 1656.
En 1958 Jorge Oteiza construyó una pequeña escultura de piedra y hierro que tituló Homenaje a Velázquez. Inmerso en pleno "propósito experimental" y como desarrollo lógico de sus “cajas metafísicas”, el esencial escultor vasco define un espacio vacío en el que relaciona los espacios barrocos pintados por Velázquez en Las Meninas y en La rendición de Breda con los despojados frontones del juego de pelota, con sus precisos límites definidos por el encuentro de tres planos.
Jorge Oteiza. Homenaje a Velázquez, 1958.



El  frontón, afirma, “al quedar vacío (reeducada nuestra sensibilidad) debiera funcionar para nuestra intimidad religiosa tradicional como un aislador metafísico. Este tipo de construcciones-crómlechs en el interior de las grandes ciudades congestionadas de expresión, son zonas de aparcamiento de la sensibilidad formada.”

Velázquez.  La rendición de Breda, o Las lanzas. 1634.





Un   ejemplo singular de las cualidades del artista que “sabe ver”, “hace” y, después, “se atreve a decir”. Por chocante que resulte.

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