martes, 21 de abril de 2015

Fruta extraña

Billie Holiday.
En poco menos de una semana han coincidido el centenario del nacimiento de Billie Holiday y la muerte de Eduardo Galeano, que tanto la admiró y que escribió esto sobre ella:

 


    "La empresa Columbia se negó a grabar esa canción, y el autor tuvo que firmar con otro nombre.
    Pero cuando Billie Holiday cantó Strange fruit, cayeron las barreras de la censura y el miedo. Ella cantó con los ojos cerrados y la canción fué un himno religioso por obra y gracia de esa voz nacida para cantarlo, y desde entonces cada negro linchado pasó a ser mucho más que un extraño fruto colgado de un árbol, pudriéndose al sol.
    Billie,
    la que a los catorce años lograba el milagro del silencio en los ruidosos puteros de Harlem donde cambiaba música por comida,
    la que bajo la falda escondía una navaja,
    la que no supo defenderse de las palizas de sus amantes y sus maridos,
    la que vivió presa de las drogas y de la cárcel,
    la que tenía el cuerpo hecho un mapa de pinchazos y cicatrices, 
    la que siempre cantaba como nunca."

Eduardo Galeano. Voz negra. (Recogido en Espejos. Una historia casi universal.) Siglo XXI. Madrid, 2008.
Eduardo Galeano leyendo su libro Espejos.

La letra de la canción, escrita por el judío emigrante norteamericano Abel Meeropol, dice así:
"De los árboles del sur cuelga una fruta extraña. 
Sangre en las hojas, y sangre en la raíz. 
Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña. 
Extraña fruta cuelga de los álamos.
Escena bucólica del valiente sur. 
Los ojos saltones y la boca retorcida. 
Aroma de magnolias, dulce y fresco, 
y el repentino olor a carne quemada. 
Aquí está la fruta para que la arranquen los cuervos. 
Para que la lluvia la tome, 
para que el viento la aspire, 
para que el sol la pudra, 
para que los árboles la dejen caer. 
Esta es una extraña y amarga cosecha".
Linchamiento de Thomas Shipp y Abram Smith en Marion, Indiana, en 1930, inspirador de la canción Strange fruit.


La historia de la humanidad nunca ha abandonado la barbarie criminal. En cualquier tiempo y en cualquier latitud, así fue y así sigue siendo.
Bajo los árboles, en las vallas fronterizas o en el mar, y ante el regocijo o la indiferencia de la mayoría.
Benditos sean los que luchan por salir de esta situación inmunda.

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