viernes, 24 de abril de 2015

De libros y bibliotecas

Joost Swarte. Isla de libros.
El amor por los libros es una pulsión que llena nuestra vida de placer y satisfacción diversa. Pero, como cualquier otro amor, ha de ser desinteresado y consciente de que no durará para siempre. 
Manolo Valdés. Librería.
En "Pisando ceniza", las excelentes memorias del librero y editor Manuel Arroyo-Stephens, este nos cuenta un esclarecedor sucedido, coprotagonizado con el librero de viejo Jovino, castizo personaje que en cierto momento trasladó el objeto principal de su modus vivendi desde la atención callejera noctámbula (un servicial sereno pluridisciplinar) hasta el tasado a ojo de cubero interesado de bibliotecas que no iban a seguir a sus creadores en el incierto rumbo hacia la otra vida. Dice así:
Chema Madoz. Arco.
"Me propuso que pusiéramos un cartel en el escaparate de mi librería, anunciando que se compraban bibliotecas. Esta es una calle muy buena, está muy cerca del Tribunal Supremo, me dijo. Por aquí tiene que morir mucha gente con buenas bibliotecas. Mucho abogado, mucho magistrado, mucho catedrático. No sé si usted lo sabe, pero cuando muere alguien por la escalera principal bajan un día el cadáver y por la puerta de atrás al día siguiente la biblioteca. A las viudas los libros no les sirven para nada. Quieren sacarlos de casa cuanto antes porque acumulan polvo y ocupan mucho espacio."
Wolf Suschitzky. Librería de viejo en Charing Cross Road. Londres, 1937
Ni a las viudas, ni a los viudos, ni a los hijos, ni a los sobrinos. Ni a las oenegés beneficiarias de herencias de gente sola o con ganas de ajustar cuentas pendientes.
Así que, si compras (como debes) libros, no pienses en legados futuros. Léelos cuanto antes. Disfrútalos mientras puedas.

André Kertész. El lector. París, 1963.

1 comentario:

  1. Fantástico Joost Swarte.
    Los libros "nos desahogan".
    Nos hacen sacar la cabeza del oleaje.
    Salvavidas siempre disponibles.

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