martes, 18 de febrero de 2014

Sí se puede


Barbara Kruger. No.

Oíamos decir en la radio al periodista deportivo José Ramón de la Morena que "uno se merece lo que tolera", a propósito de la violencia más o menos espontánea que vuelve a brotar en las gradas de los campos de fútbol. El comentario es certero: tanto que, sin salir de esa "federación", se podría extender a las tragaderas que se suelen tener con la administración de los clubs, con sus presidentes (¡qué carreras y qué apetito!; ¡qué material bruto para un documental de fauna salvaje de los de National Geographic!) y con las recuas de emprendedores que cultivan tan estrechos y productivos vínculos con la administración recalificadora y subvencionadora (con materia suficiente para una novela de Roberto Saviano).


Puño. Recortes.
Esa afirmación, que deja a cada cual en el lugar que le corresponde, se puede complementar con otra de Eduardo Galeano: “somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. La verdad es que, mejorando lo presente, somos bastante poca cosa o, en cualquier caso, podríamos ser bastante más. Tanto como están llegando a ser las mareas ciudadanas que se oponen a la reconversión (por la cara) del patrimonio público en negocios privados, y al recorte sectario de los derechos colectivos y ciudadanos.


Manifestación estudiantil. Logroño, 24.10.13.
De norte a sur, de este a oeste, ...

Juan Antonio Morales. Los Nacionales. 1936.
Como no hay dos sin tres y el que cita se cita (no estaría mal: inteligencia, concisión y comodidad), ahí va otra de la mano de Antonio Muñoz Molina, añorante en la distancia neoyorquina: "La mejor lección de este invierno viene del otro país, de la otra ciudad de uno, en la que nunca hace tanto frío, por fuera y por dentro. Con tesón admirable, con fervor de rebeldía y sentido práctico, con la ayuda de una ciudadanía valerosa, los trabajadores de la sanidad pública de Madrid han logrado parar una privatización que parecía inevitable. Madrid, qué bien resiste. La manera más segura de perder algo es darlo por perdido
 
Qué ejemplo, otra vez. 
Por supuesto que se puede. 
Si se quiere. 







1 comentario:

  1. Tres frases lapidarias.
    Tres verdades como tres puños.

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